25 febrero, 2019

Cinco versiones latinas

de Catulo, Propercio, Horacio | Traducciones

Versiones de Ernesto Hernández Busto.

Catulo, Carmen 40

Rávido, pobre diablo, ¿qué malos pensamientos
te han llevado a meter la nariz en mis yambos?
¿Qué dios mal invocado te empuja a buscar bronca?
¿Qué es lo que buscas? ¿Fama a cualquier precio?
¿Y que tu nombre viva en labios de la plebe?
La tendrás: larga pena por amar mis amores.

Quaenam te mala mens, miselle Raude,
agit praecipitem in meos iambos?
quis deus tibi non bene advocatus
vecordem parat excitare rixam?
an ut pervenias in ora vulgi?
quid vis? qualubet esse notus optas?
eris, quandoquidem meos amores
cum longa voluisti amare poena.

Catulo, Carmen 8

Pobre Catulo, basta de idioteces.
Eso que ves perdido, dalo ya por muerto.
A ti, una vez, la vida te sonrió
cuando esa a la que amaste como nadie amó nunca
te llevó de la mano.
Entonces muchas cosas divertidas pasaron,
cosas que deseabas y ella te concedía.
Lo cierto es que la vida te mimó.
Pero ahora ya no quiere. Y tú, impotente,
tampoco tienes ganas de seguir a quien huye
ni vivir amargado, sino perseverar.
Con la cabeza fría, aguántate y no cedas.
¡Adiós, muchacha! Catulo ha resuelto
que no te buscará si tú no quieres.
Triste estarás cuando no te pregunten.
Pobre de ti, desgraciada mujer. ¿Qué vida te queda?
¿Quién te va a visitar? ¿Quién verá tu hermosura?
¿Quién te amará? ¿De quién serás la novia?
¿A quién vas a besar? ¿Qué labios morderás?
Pero mientras, Catulo, tienes que ser fuerte.

Miser Catulle, dēsinās ineptīre,
et quod vidēs perīsse perditum dūcās.
Fulsēre quondam candidī tibī sōlēs,
cum ventitābās quō puella dūcēbat
amāta nōbīs quantum amābitur nūlla.
Ibi illa multa cum iocōsa fīēbant,
quae tū volēbās nec puella nōlēbat,
fulsēre vērē candidī tibī sōlēs.
Nunc iam illa nōn vult: tū quoque impotēns nōlī,
nec quae fugit sectāre, nec miser vīve,
sed obstinātā mente perfer, obdūrā.
Valē puella. Iam Catullus obdūrat,
nec tē requīret nec rogābit invītam.
At tū dolēbis, cum rogāberis nūlla.
Scelesta, vae tē! quae tibī manet vīta?
Quis nunc tē adībit? Cui vidēberis bella?
Quem nunc amābis? Cuius esse dīcēris?
Quem bāsiābis? Cui labella mordēbis?
At tū, Catulle, dēstinātus obdūrā.

Propercio: Elegía 25, Libro III

Yo era objeto de risas / entre los comensales
y pasto de cualquiera / de sus habladurías;
ya dediqué un quinquenio / a ser tu fiel esclavo:
mordiéndote las uñas / comprenderás mi fe.
No me afectan tus lágrimas: / las mismas artimañas
antes utilizaste, / Cintia, para atraparme.
Yo también lloraré, / aunque gane el ultraje:
eres tú quien impide / que este yugo prosiga.
Que el umbral de la queja / no crucen mis palabras,
digo adiós a esa puerta / que no tiré con rabia.
Que se muestre la edad / que en ti está agazapada,
y que llegue, veloz, / tu más siniestro pliegue.
Que quieras arrancarte / tu blanca cabellera
si el espejo te increpa / y muestra tus arrugas;
que, rechazada, sufras / de tu misma arrogancia
y, vieja, te lamentes / de lo mismo que hiciste.
Este horrendo destino / mi página te augura:
¡que aprendas a temer / el fin de tu belleza!

Risus eram positis inter convivia mensis,
et de me poterat quilibet esse loquax.
quinque tibi potui servire fideliter annos:
ungue meam morso saepe querere fidem.
nil moveor lacrimis: ista sum captus ab arte;
semper ab insidiis, Cynthia, flere soles.
flebo ego discedens, sed fletum iniuria vincit:
tu bene conveniens non sinis ire iugum.
limina iam nostris valeant lacrimantia verbis,
nec tamen irata ianua fracta manu.
at te celatis aetas gravis urgeat annis,
et veniat formae ruga sinistra tuae!
vellere tum cupias albos a stirpe capillos,
iam speculo rugas increpitante tibi,
exclusa inque vicem fastus patiare superbos,
et quae fecisti facta queraris anus!
has tibi fatalis cecinit mea pagina diras:
eventum formae disce timere tuae!

Horacio, Oda 10, Libro II

Vivirás más tranquilo, buen Licinio,
si en alta mar no bogas, ni tan cerca
de la orilla navegas, precavido,
temiendo las tormentas.

Aquel que escoge la áurea medianía
no tiene, por prudente, un techo vil
pero también carece de palacio
por todos envidiado.

Castiga más el viento a los erguidos
pinos; peor caer de torres altas,
y los relámpagos fulminan primero
las cumbres de los montes.

Un pecho bien templado entre lo adverso
aguarda, y en la suerte teme el cambio.
Trae Júpiter inviernos, pero luego
él mismo los destierra:

aunque el mal se presente, no es eterno.
Lo mismo Apolo, que a veces despierta
con su lira a las Musas, y otras tensa
la cuerda de su arco.

A la mala fortuna planta cara
manteniéndote firme y animoso;
recoge velas si un viento propicio
las hincha demasiado.

Rectius vives, Licini, neque altum
semper urgendo neque, dum procelas
cautus horrescis, nimium premendo
litus iniquum.

Auream quisquis mediocritatem
diligit, tutus caret obsoleti
sordibus tecti, caret invidenda
sobrius aula.

Saepius ventis agitatur ingens
pinus et celsae graviore casu
decidunt turres feriuntque summos
fulgura montis.

Sperat infestis, metuit secundis
alteram sortem bene praeparatum
pectus. Informis hiemes reducit
Iuppiter; idem

summovet. Non, si male nunc, et olim
sic erit: quondam cithara tacentem
suscitat Musam neque semper arcum
tendit Apollo.

Rebus angustis animosus atque
fortis appare; sapienter ídem
contrahes vento nimium secundo
turgida vela.

 

Horacio, Oda 20, Libro I

Beberás solo un poco de ese vino
común que envejeció en arcilla griega
y precinté yo mismo en aquel año,
mi querido Mecenas,

que en el teatro tanto te aplaudieron
junto a la orilla de este mismo río
de nuestros padres, y el eco llegaba
al monte Vaticano.

Bebe tú de esas uvas refinadas
de las buenas bodegas; lo que mezclo
en mi copa no es vino de Falerno
ni madura en Toscana.

Vile potabis modicis Sabinum
cantharis, Graeca quod ego ipse testa
conditum levi, datus in teatro
cum tibi plausus,

care Maecenas eques, ut paterni
fluminis ripae simul et iocosa
redderet laudes tibi Vaticani
montis imago.

Caecubum et prelo domitam Caleno
tu bibes uvam; mea nec Falernae
temperant vites neque Formiani
     pocula colles.


Catulo, Propercio, Horacio

Cayo Valerio Catulo / Verona, 87 a.C. – Roma, 57 a.C. Fue uno de los más conocidos poetas y epigramistas latinos del periodo helenístico. Se conservan unos 116 poemas de su autoría. Fue un gran admirador de la obra de Safo. Él, a su vez, influyó en autores como Horacio, Virgilio y Ovidio.

Sexto Propercio / Umbría, circa 54 a.C. – 16 a.C. Poeta lírico latino. Siendo muy joven se muda a Roma, donde se dedica a las leyes y a la oratoria. Más tarde conoce a Virgilio y a Ovidio. Se conocen cerca de noventa poemas suyos, divididos en cuatro libros de Elegías.

Quinto Horacio Flaco / Venusia, 65 a.C. – Roma, 8 a.C. Fue uno de los principales poetas líricos y satíricos en lengua latina. Hijo de un esclavo liberto, estudia Gramática y retórica en Roma, para después trasladarse a Atenas y estudiar griego y filosofía. Se considera que sus Odas (un total de 104 poemas organizados en cuatro libros) constituyen una de las cúspides de la lírica latina.


Ernesto Hernández Busto / La Habana, Cuba, 1968. Inició estudios universitarios de Matemáticas en Rusia y regresó a Cuba para cursar Letras. En 1991 emigró a México, donde colaboró sistemáticamente en Vuelta e integró el Comité de Redacción de la revista Poesía y poética. Desde 1999 reside en Barcelona, donde trabaja como traductor y periodista. Ha publicado varios libros de ensayo, así como numerosas traducciones del inglés, francés, latín, italiano y ruso. Recientemente ha publicado el poemario Muda (2016) y tres libros de versiones japonesas: La sombra en el espejo (2016), Jardín de grava (2017) y Hoguera y abanico. Versiones de Bashô (2018).