Michael McClure: poeta y visionario

Epígono del vitalismo de Whitman y de los raptos visionarios de William Blake, se podría decir que el poema, en [Michael] McClure, es un acontecimiento biológico, con la palabra como una estructura celular asentada en un campo de energías donde el sonido y el significado adquieren magnitud física. Esto es el resultado de una concepción antropológica enraizada en la naturaleza corpórea del hombre y su emplazamiento en un mundo cuyo acontecer asalta la percepción y, desde ella, la memoria, la inteligencia y la imaginación.

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Gramática del roce

La obra de [Rocío] Cerón nos enfrenta a la soledad, pero también genera un sentimiento de comunidad, incluso de comunión. (…) Una vez más, Rocío Cerón explora los límites de la lírica para ensancharlos y abrirnos a una experiencia renovada, como surgida de las aguas, y lo hace con la belleza de lo que surge limpio y despojado de escombreras.

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Autorretrato sin yo. La poesía del exilio de Mariano Peyrou

En este libro los poemas trazan un mapa sobre la experiencia exiliar, tanto desde el punto de vista del cuerpo como desde el punto de vista del espíritu (léase aquí como el lenguaje). En esa extrañeza se construye una nueva relación con el mundo, donde se siembra desde la herida: “la patria de un escritor es su malestar con la lengua”, escribe [Mariano] Peyrou. Y vamos a conectar esto con otro de los elementos más significativos de su obra: el desplazamiento del yo a la identidad plural.

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A solas con nuestra locura y nuestra flor favorita

La épica toma que aparece en las pantallas es digna de aparecer en un fanfic como Evangelion: al no poder salvar el mundo de los ángeles, Rosalía nos canta con el corazón roto y una multitud detrás. La escena también se antoja para imaginar a Hernán Cortés cantándole a su fallido personal durante “La Noche Triste”. ¿Lloran los españoles por los conquistados? ¿Quiere usted la salvación de México? ¿Quiere que Rosalía sea nuestra nueva reina?

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¿Para qué usos profundos sirve el lenguaje?

He conocido el silencio de las estrellas y del mar,/
y el silencio de la ciudad cuando se detiene,/
y el silencio de un hombre y una mujer,/
y el silencio por el que solo la música encuentra su palabra,/
y el silencio de los bosques antes de los vientos de la primavera,/
y el silencio de los enfermos/
cuando sus ojos deambulan por la habitación./
Y pregunto: ¿para qué usos profundos sirve el lenguaje?

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Basta correr

Hay dos tipos de corredores, los que se desplazan en contra de algo o los que lo hacen a favor de algo. Los primeros compiten, ya sea contra otros corredores o contra un cronómetro, y esas metas específicas acotan el ámbito de su carrera como un trazo finito y perfecto, una línea, un circuito, un rastro prefijado entre dos puntos. Los segundos corren para y por el movimiento mismo, procurando un ritmo, una velocidad-crucero en la cual desaparecer: los dos puntos del principio y final de su carrera importan mucho menos que su propia articulación, y la figura que mejor podría describir su dinámica es la espiral.

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Un recetario de poetas para la cuarentena

Las recetas aquí recopiladas (previa prueba personal) tienen orígenes diferentes. Provienen directamente de los papeles de los escritores en cuestión, o son adaptaciones y recreaciones modernas con ingredientes accesibles. En todos los casos, intenté trabajar con cierto grado de rigor filológico: todos estos platos aparecen en los papeles personales de los autores.

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El americano recalcitrante

Leer una obra literaria a partir de la biografía del autor permite, a veces, encontrarnos con la airada rebeldía de César Vallejo, a cuya sombra florecen sus Poemas humanos; vislumbrar la torturada lucidez y el saber científico de Jorge Cuesta, presentes en el “Canto a un dios mineral”; o vislumbrar, en las heridas de la dictadura, las raíces de la opaca ternura y la fugaz claridad que permean la obra de Juan Gelman.

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