Poemas atómicos

Podríamos conocer los diversos movimientos de la vida,/
las sutiles sinuosidades y las maneras en que se desplazan:/
debemos adorar más a Dios y no entrar en conflicto,/
cómo ellos lo hicieron y cómo este buen Dios puede hacerlo./
Pero nosotros nos movemos en la ignorancia/
para conocer los fines y cómo empezaron al principio./

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Cuando mi luz ya considero muerta

En la dúctil y sintética naturaleza del soneto, Milton halla el medio para ejercitar y perfeccionar, entre otros recursos, la caracterización poética de personajes entrañables o heroicos, la agilidad narrativa facilitada por los encabalgamientos pronunciados y una puntualidad descriptiva que, potenciada por el rigor prosódico, desemboca en una fluidez imagística notable.

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Todo arte es tosco y rudimental

Alimentamos al caballo pardo.
Desde tu mano
lisa
Se digna
delicado.
Tiene suaves modales: se mueve inseguro
Sus pezuñas abiertas en el pasto húmedo,
Mece su gran cabeza,
Sus patas están oscurecidas con rocío
Oh, eso fue hace tanto.

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La hermosura ha perdido nombre y nicho

¿He yo de compararte a este verano?/
Tu manera es más maja y moderada./
La rosa afronta en mayo al viento en vano./
La estancia del verano es limitada./
El sol a veces arde en desmesura./
A veces lo oscurecen nubarrones./
Todo lo hermoso pierde su hermosura,/
como dicta natura sin razones./
Mas tu verano es amplio y dilatado,/
y toda tu belleza está en su seno.

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Respecto a la traducción de un poema de Philip Larkin

La edición de los poemas completos de Philip Larkin revela un aspecto interesante de su producción: son más los poemas que no publicó en vida que los poemas publicados. Los primeros ocupan doscientas páginas de la edición, mientras que los textos publicados por el poeta solo abarcan ciento veinte páginas. Aunque prolífico como escritor de cartas y autor también de diversas novelas y textos narrativos, Larkin fue principalmente conocido como poeta.

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Quien fuera, estrella, como tú, constante

Quien fuera, estrella, como tú, constante
–No colgar de la noche en brillo ausente
Con los ojos de par en par, pendiente
Como eremita insomne y vigilante
Del agua clerical en sus rutinas
De ablución pura por la orilla humana,
O ver caer la mascarilla vana

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El lado ciego de las cosas

La visión de mi rostro, mi propio rostro al volverse, es cuanto necesito/
para empujarme al borde, el borde/
del llanto, aunque si vieras más allá de la huesuda escarpa de mi cabeza/
el escamado paisaje lunar que cada mañana se desvanece en el cristal,/
me encontrarías con los ojos secos, demasiado aterrado

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Zeus en libertad condicional

Fue ese verano,/
rebalsaba de hormonas/
como un cóctel químico espectacular/
en un vaso largo con hielo; mi corazón adolescente/
una cereza al marrasquino /
que asomaba brillante mientras ese arcoíris/
me atravesaba, iluminándome/
como a un pez, y yo estaba borracha,/
obsesionada, ansiosa por que me tocasen,/
mi cuerpo iridiscente derramaba color

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El espíritu del mundo

No vivo para mí, pero me vuelvo/
Parte de todo lo que me rodea /
Las montañas generan sentimiento,/
Tortura es el zumbido de ciudades:/
Nada detesto en la naturaleza/
Salvo ser eslabón de una cadena /
Verme clasificado entre criaturas, /
cuando el alma consigue así mezclarse/
con el cielo, la cumbre, los mares, las estrellas.

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