La palabra rosa escondió sus pétalos

Los niños son anarquistas/
que huyen del presidio escolar/
cuando suena la campana./
Los adultos lo advierten/
y entre tibias caricias/
deciden enjaularlos/
en corrales de nácar./
Los he visto irrumpir/
en el velorio de la abuela,/
ruidosos y acezantes /
tras aros de hielo/
y caballos de madera.

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La palabra liba

Si no escribiera, me perdería,/
correría el riesgo de creer/
lo que otros dicen que soy,/
correría el riesgo de dejar incompleto/
lo que otros creen que soy.

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El derecho a colapsar

a qué equivale pues salir de este trance /
para comerse el corazón de una piña/
por descuido, sin consciencia trapear/
blanquear el trapero, no blanquea/
y el cloro, la mancha de amarillo/
las manchas amarillas en el algodón/
a qué equivale ahora esta tendencia/
a equivaler las manchas morado negra/
amarillas en los pulmones así/
fondo amarillo las paredes  /
los pulmones del fumador/
pulmón sano sobre pulmón de/
fumaba en las noches la madre

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El porqué, el esto, el ahora

Las ramas que se cruzan en el fondo del monte
no pueden contarse, tienen un principio vital,
como los dedos gordos heredados de la familia,
y las cosas que caen
sin remedio del cielo:
torrente del agualluvia.

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El lugar del fuego

Reímos como locos, la voz y yo reímos como locos, imaginando perros mongólicos mientras/ el amanecer rasguña la fiesta./ Nos vamos juntos, a que estar juntos nos pase un rato./ Tomo una foto para no olvidar este océano.

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