El perímetro de su percepción

¿Traspasan, acaso, las Musas
la carcasa de los colectivos,
los vidrios herméticamente cerrados?
¿Llegan a sortear los ronquidos, la vibración
de la chapa que golpea contra sí,
el tintineo de las valijas y presillas
en la sinuosidad del camino,
la dispersión de los que hipnóticos contemplan
la comedia, la tragedia, la tragicomedia
que se multiplica en cada televisor?

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El trayecto no es para improvisados

Veinte años demoró mi padre en volverse espuma/
habiendo dejado atrás el gozo y los sinsabores de su oficio /
de teclas y espada, compendios y periódicos por doquier. /
Su máquina de escribir atiborró cuartillas denunciando las injusticias de los tiranos,/
para que los perseguidos de ayer han reemplazado con creces a sus verdugos/
en la meticulosa vocación del poder y la saña.

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El gran teatro lírico de una poesía novelesca. A propósito de Tamara Kamenszain y de su obra

Cambiante y sin embargo siempre fiel a sí misma, la obra de Tamara, tanto en sus ensayos como en sus libros de poesía, fue configurando un recorrido lleno de pliegues sutiles, un itinerario que parece estar describiendo el empecinamiento de un círculo cuando en verdad está dibujando la delicada progresión de una espiral. Ese ir abriendo caminos que vuelven sobre sí mismos sin pasar nunca por el mismo sitio le ha permitido formular y reformular asuntos, alguno de los cuales ya mencioné aquí, como la condición del sujeto lírico, la inefabilidad de la poesía, el status ontológico del poeta en el mundo –identificado metafóricamente con el destierro del pueblo judío–, los encuentros y desencuentros del amor…

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Juan Carlos Bustriazo Ortiz: la flor del exterminio

porque mentí desde los umbrales/
porque este libro es para tu boca/
mi tenida de luna en luna/
mi arrimada de siesta en siesta/
vos estaráste en él mi quejona/
hasta saber que érate tuyo/
porque este libro es para tu boca/
él fuéme entero por los maíces/
por las calandrias reyentonas/
por los caballos de alma dorada/
por el silencio amoratado/
porque este libro es para tu boca

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No entiendo por qué las abejas deciden morir en casa

pienso: cada edificio que construimos/
le quita a alguien una montaña,/
y algunas montañas que conocemos/
simplemente como cúmulos de tierra/
y rocas accidentalmente altas son/
en realidad/
cementerios antiguos./
como ese cerro triangular en el medio/
de comodoro rivadavia, ese que de noche/
se desprende de a poco en las tormentas/
de viento más violentas que pasé/
en mi vida. este edificio es un cementerio/
de abejas, específicamente, mi casa.

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La llama de las otras

Leyendo Campamento de supervivencia de Jimena Arnolfi he pensado en ella y en lo importante que es para nosotras tener esas voces mentales extraordinarias dándonos ánimo en los momentos de flaqueza.

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Algo mejor que la naturaleza

Si fuera desconfianza,/
pero es resentimiento puro./
Se conjuraron, el lema de los herederos es/
destruir la gran épica y enterrar al autor,/
amo del animal enorme que escucha/
en inglés y obedece./
Idioma, por supuesto,/
de la cultura en la región del elefante,/
el continente de la selva.

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Una piedra en el zapato del sentido común

Al lector se le deja en claro que lo que lee no tiene como finalidad la interpretación del crítico o del lector, sino que ahí hay vida. Por este motivo, en los poemas hay vocablos que se repiten: sangre, violencia… En Cisnero, si bien hay zonas donde el lector puede dudar, en lo que le interesa no duda: señala, afirma. Es parte de un plan.

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