agosto 2025 / Ensayos

Sergio Mondragón: el hombre patrimonio

I


El nombre de Sergio Mondragón (Cuernavaca, Morelos, 1935) abre las puertas de los jardines más secretos y, desde luego, de los claustros y espacios desde donde la letra se poliniza. Su obra poética fue reconocida muy pronto, como lo sugiere la inclusión de una serie de poemas suyos en Poesía en movimiento que Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis cosecharon en 1966. Entonces Sergio contaba 31 años, pero ya era reconocido como un imán por la edición de la revista bilingüe El Corno Emplumado, The Plumed Horn (1962-1969), que editó con Margaret Randall (1936). Los representantes de la revista dibujan una cartografía del espacio en que se desenvolvía la revista:

A. Kirby Congdon, New York [Estados Unidos] ; A. Frederic Franklyn, Los Ángeles [Estados Unidos]; Miguel Grinberg, Buenos Aires; Ernesto Cardenal, Colombia; Raquel Jodorowsky, Perú; Miguel Donoso Pareja, Ecuador; José Miguel Vicuña, Chile; Marco Antonio Flores, Cuba; Saúl Ibargoyen Islas, Uruguay; Haroldo de Campos, Brasil; Alex Rode, Washington, D. C. [Estados Unidos]; Julio Rosado, Puerto Rico; Malay Roy Choudhury, India; Anselm Hollo, Londres [Inglaterra]; Kelly Lane, Canadá.

En esa revista publicaron autores y artistas como algunos de los entrevistados en el video “El Corno Emplumado: una historia de los sesenta”: Anselm Hollo, Cecilia Vicuña, Clayton Eshleman, Diane Wakoski, Felipe Ehrenberg, Homero Aridjis, Huberto Batis, Jerome Rothenberg, Joaquín Sánchez Macgrégor, Juan Bañuelos, Leandro Katz, Lorenzo Thomas, Margaret Randall, Miguel Grinberg, Otto Raúl González, Robert Kelly, Saúl Ibargoyen, el propio Mondragón, Thelma Nava y Theodore Enslin. El video dura 54 minutos y tiene subtítulos en inglés y en español; fue publicado por la Universidad de Aarhus y la Fundación Knud Hoejgaard con el auspicio de los extintos FONCA y Conaculta.

La revista tenía la particularidad de incluir en cada número cartas y testimonios de los poetas y establecer conexiones inusitadas de tal suerte que, para muchos, como deja constancia en el video Cecilia Vicuña, se convirtió en una publicación esencial alrededor de la cual giraría la creación en esos años y, probablemente, en los siguientes. Por ejemplo, el número 9 (enero de 1964) es característico del perfil de la revista. Incluía una sección de poesía de Perú (Manuel Scorza, Carlos Oquendo de Amat, entre otros), poesía de pintores (Henri Rousseau, Giorgio de Chirico, Paul Klee, Francis Picabia, Jean Arp, Oscar Kokoschka, Salvador Dalí) y, además, poemas y textos de otros autores como Henry Miller (en inglés y en español), Efraín Huerta, Ulises Carrión y Thelma Nava. La ensalada estaba sazonada por una vigorosa sección de cartas, además de reproducciones artísticas de Arnold Belkin, Josep Bartolí y Thomas Merton.

Siempre me he preguntado, y no le podido plantear nunca la pregunta a Sergio Mondragón, de dónde viene la expresión que le da nombre a la revista. El Corno Emplumado es, a mi entender, anímico, un lema de estirpe chamánica. Evoca ante el ojo de mi mente un bastón de mando de un indio norteamericano. No sé si comanche o apache, hopi o piel roja. También cabría ser de estirpe germánica antigua. En todo caso es un lema que he acariciado en la memoria.


Un recuerdo personal que tengo de Mondragón es el del regalo que me hizo de una máscara hecha de fragmentos de ónix y obsidiana. Cuando puso en mis manos este objeto, fue para mí como un ritual mágico: sentí que en cierto modo había yo, sin saberlo, pasado una prueba de fuego invisible. Todavía guardo la máscara como un talismán.

Número 27 de El Corno Emplumado (julio de 1968).


II


Sergio no ha quitado nunca el dedo del renglón de la necesidad de conocer la cultura asiática. Ha dirigido revistas como Japónica, Memoranda y la Revista de Estudios Budistas. En ese contexto, no extraña que haya vivido dos años en un monasterio zen budista en la ciudad de Kobe, Japón, acechando las sombras y luces en un espejo vacío. Tampoco que haya fraguado, junto con la traductora y poeta Atsuko Tanabe (1935-2000), la muestra de Poesía japonesa moderna. Un rebaño bajo el sol (1988). En 2006 dio a la estampa de la UNAM su Poesía reunida (1965-2005). Su acervo poético comprende: Yo soy el otro (1964), El aprendiz de brujo (1969), Pasión por el oxígeno y la luna (1982), El aprendiz de brujo y otros poemas (1986), El ocre de los lodos (1991), Poemas encendidos (1999) y Hojarasca (2010), Premio Xavier Villaurrutia. Ha sido incluido en numerosas antologías, entre ellas: la ya mencionada Poesía en movimiento, República de poetas (1985), Poesía en movimiento II (1985), Las eras imaginarias (2002), La poesía del siglo XX en México (2011), Antología general de la poesía mexicana: de la época prehispánica a nuestros días (2012) y Poesía y prosa de hoy en sus mejores obras I (2015).

Ha sido profesor de literatura en diversas universidades en los Estados Unidos de Norteamérica. Su signo en el horóscopo chino es el del jabalí y, en el tradicional, Leo.


He tenido la fortuna de ser amigo de Sergio Mondragón y de haber sido leído por él, como consta en el libro Algunos poetas de nuestra lengua. Siglos XII al XXI (2017).

En Japón existe la categoría de aquellos maestros que son Hombres Patrimonio. Sergio Mondragón pertenece a esa categoría.

Sergio Mondragón

III


Como se dijo antes, Sergio Mondragón fue incluido en Poesía en movimiento. En su prólogo, Paz expresó que: “En Sergio Mondragón el impulso inicial de Montes de Oca se alía a una tentativa de exploración interior. […] Mondragón busca la transformación cree en las sustancias donadoras de visiones y su mística poética es corporal.” Esto es palpable en los poemas “La poesía del sol” y “Calor”, publicados en el núm. 18 (1966) de la revista El Corno Emplumado, donde la conciencia del cosmos y la del cuerpo se unen en un relámpago para alcanzar al lector y dejarlo al borde del silencio. Estos poemas fueron incluidos por Felipe Garrido en su cosecha diaria “Un poema al día” (núm. 2740):

La poesía del sol

la loca poesía tiene el sombrero del sol
la loca poesía tiene el manto de la lluvia
y nos tiende sus hilos dorados
y florece como una respuesta a todas las preguntas
la loca poesía baja las escaleras del cielo
trepa los árboles de la mañana
se adormila en las pestañas de los que nacen
de los que bucean la luz del mediodía
de los que aran y oran
la loca poesía tiene los cabellos mojados
duerme por la noche
avanza por el día
se detiene
aspira las flores y viaja con las nubes
la loca poesía habita mi hombro
tu pie
habita tus pechos alegres
la loca poesía mana del centro del sol
escurre por tu costado
mana también de tu cabello
mana de tus dedos
estalla en las almenas de mis ojos
la poesía está loca por nosotros
para mirarla sólo tenemos que trazar el cuádruple conjuro
norte    sur    este    oeste
y verla caer como la lluvia
oírla cantar como el viento que pasa
verla ovillarse en las ingles de la tarde
la poesía está loca por nosotros y nos regala el verano
un verano que desfila lento
junto a sus hermanas las estaciones
la loca poesía

Calor

Magueyes afilados apuntan al cielo caluroso
entre las piedras trabaja la cigarra
mi sombra se aleja y me abandona
golondrinas como preguntas se agolpan en mi boca
el sol se detiene avanzo
de pronto al voltear la vereda
surgen paisajes inesperados
es que uno se queda en silencio contemplando la araña
que hila su tiempo suspendida   entre magueyes
sin ocuparse de la roja sequía
o el paso de pensantes hiperbóreos que devoran la distancia
el sol está alto y la sombra de la roca parece cantar
la rosa se curva
fórmate canción con mis palabras de tierra
llénate de este paraje de matorrales y calor
hay una quietud beatífica en este instante de plomo
corre el líquido otoño y se despeña entre las piedras
adentro se manifiesta la presencia de un ala extendida
un ala que roza mi corazón con sus puntas de espina
y su incienso de habas su perfume de hojas encendidas
qué luminosa pendiente qué altos los sauces
qué largas las lenguas cuánta sed
mis brazos se estiran como ríos mi boca está seca qué silencio
qué silencio entre montañas, qué soledad de páramo
que rumor de nubes qué plenitud azul
araña que ruecas tus minutos
perro deshabitado que vagas ahíto de silencio
que esperas en silencio
qué aguardas perro qué sueñas araña
y el maguey y la piedra y la barranca
a dónde desciendes barranca
qué rumor te llama allá abajo entre arena sin agua
oh qué bostezo el día se cruza de brazos y la roca canta
la roca estalla en palabras
se revela su rumor de palabras encantadas
se revela en ritmos apagados su lumbre interior
se revela el ciclo de su espera
su hora meridiana de rodar la pendiente y llegar
al otro lado del cerro
la montaña ríe con ojos irritados
el perro avanza entre hierbajos
el agua se mueve y sigue no pára mi corazón no pára
mi corazón solloza y suspira de impaciencia
piedra que ruedas inexorable
llegarás allá abajo algún día llegarás
aunque el sol se detenga aunque las nubes se detengan
mi corazón se detenga
la piedra se aleja
los insectos raspan su madera
el poema se mueve en mi pecho con su cuerpo de chispas
con su humo de leña verde
con sus gritos de renacido
el poema se sienta sobre la roca
el sol lo agobia las espinas y el maguey lo desdoblan
lo tienden de espaldas como a un crucificado
las nubes se carcajean
la montaña gime
el perro se aleja para siempre
y queda su eco
el rumor de su pata queda
luego sólo se escucha la cigarra y el instante detenido pasa
todo recobra el movimiento
la piedra reposa allá abajo
quedo yo en silencio con la boca llena de secretos
con la pregunta colgando en mi ojo como un pájaro muerto
con los pies en el barro y la roca caliente
y el rumor de la espina
y el olor de las hojas quemadas
y la araña devana su tela
y su sombra se proyecta sobre mi espalda

El poema “Calor” despliega “paisajes inesperados” y revela visiones solares azotadas por “una hora meridiana de rodar la pendiente y llegar al otro lado del cerro”. Mientras que “La poesía del sol” toca un arpa distinta: “la poesía está loca por nosotros y nos regala el verano/ un verano que desfila lento/ junto a sus hermanas las estaciones”.


Autor

Adolfo Castañón

Ciudad de México, 1952. Ensayista, crítico, poeta, traductor y editor. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 2003 y condecorado ese mismo año con la orden de Caballero de las Artes y de las Letras por el Gobierno de Francia. Ha recibido los premios Mazatlán de Literatura (1995), Xavier Villaurrutia (2008), Internacional Alfonso Reyes (2018) y Nacional de Artes y Literatura (2020), entre otros. De su vasta obra destacan los ensayos Por el país de Montaigne (1995), América sintaxis (2000), Viaje a México (2008), su poesía reunida en La campana en el tiempo, 1970-2020 (2023), su traducción de Después de Babel de George Steiner (1980) y las antologías Lluvia de letras. Lección antológica de poesía iberoamericana y de otros lugares (UNAM, 2007), Visión de México de Alfonso Reyes (2016) y Corrientes alternas de Octavio Paz (2024). Su libro más recientes es Octavio Paz entre claves (2024), en colaboración con Eduardo Mejía. Es Creador Emérito del SNCA.

agosto 2025