No. 102 / Septiembre 2017
El inminente futuro de la poesía mexicana joven por Alejandro Higashi
Un balance desde el extremo sur por Jorge Fondebrider
Poesía y república (Tanteo) por Josu Landa
Pasito tun tun edita poemas por Maricela Guerrero
Tejer conspiraciones por Yolanda Segura
b-sides de la Bell critique (o de cómo masticar el poema a partir de lo inefable) por Diego Espíritu
Sin título pero feliz cumpleaños por Xitlalitl Rodríguez
Diez años por María Andrea Giovine
b-sides de la Bell critique
(o de cómo masticar el poema a partir de lo inefable)
Diego Espíritu
apunto luego nuestras canciones están vivas en la tierra de los vivos antes de seguir. Esto, del speech de Bob Dylan, causó una grieta en el polvo, los bustos elongaron aún más sus arrugas y unas pocas barbas blancas festejaron con el gallinero sin cabeza:
que si Homero volvió en forma de proclama de tres acordes, que si la academia reload ahora por fin mira las formas chuecas de la literatura. Pocas veces un nobel desgarró tanto las vestiduras: nada como el highway 61 revisited al borde de la locura eléctrica ante estos cismas preguntemos qué con la poesía: la trans, multi, inter disciplina ¿el quehacer poético inherente a un prefijo? Expandir el poema —extenderlo— siempre desde un horizonte previo: explota el gif en la cabeza de quien mezcla además en abbleton, línea tras línea un remix en código de la estela gris de la avioneta de Zurita;
La fractura siempre estuvo ahí: para dar el salto la fe empuja y yo creo en las grietas. Claro habría que remitirse a las genealogías literarias más sesudas de la historia de la historia: comprobar que en efecto a Dante lo poseía un entumecimiento de la lengua: el dolce stil novo como profanación vernácula;
o bien, que el Fedón no es lo mismo que el Sofista y mucho menos que el Gorgias: la constante platónica es que el argumento muta, así como el estilo a la par de la sustancia. Y si la grieta constante fuera cierta ¿qué habría de hacer una crítica de los agujeros y brechas?
Historiar el recorrido de la(s) abertura(s) sería para mí meta de quien mastica —rumia— la poesía. ¿A qué me refiero? Si es verdad lo poroso como supuesto, es decir, que la poesía no ha sido Una ni tampoco firme, que la misma periferia en su traslación rugosa por las capas del canon alebresta el cimiento
Pienso que al pensar (lo poético —no como ente metafísico desprovisto de un algo, sino como poema uno a uno—), se haga desde este horizonte crítico: el contrapunto de la fractura que cataliza el flujo del corpus de la alta cultura literaria:
o ¿podría alguien afirmar que el freestyle de Whitman no habría sonado bien sobre una base producida por N.W.A. en Compton? Yo así pienso por lo menos al escuchar a Paz haciendo, a través del soundcloud de Benjamín Moreno, un cover a los tigres del norte.
No es que La Poesía haya sido machucada por los millennials y su conectividad elusiva, si no que la irrupción de lo anormal es más bien una constante de la poiesis: el poema como un clavo oxidado colgando de una esquina bien pulida
y tras el recorrer de las yemas por lo roto que astilla los dedos
¿qué idea entonces debería coagular de tanto pensar el poema? Ninguna poética de variables ocultas podría reproducir todas las predicciones de la Poesía