No. 95 / Diciembre 2016 – Enero 2017
Te prometo poesía:
Hace casi un año, en octubre, Enter Magazine organizaba una de las lecturas de las que más recuerdos valiosos tenemos: VISTO. Alrededor de 40 poetas de distintas partes del país, cada uno con sus formas de abordar la poesía en un antiguo estacionamiento de Azcapotzalco, leyeron, alternando con la música de Andy Mountains, Beztia, Omar y los invisibles, entre otrxs más. Una victoria pírrica que nos llevó al límite del cansancio con la satisfacción a tope: mantener el flujo de espectadores de poesía durante más de cuatro horas no fue cosa fácil. ¿Podríamos repetir lo que entonces rebasó nuestras expectativas, pero ahora en un espacio más pequeño y con el tiempo a cuestas?
Noche de viernes en la Ciudad de México. Por el tráfico tememos que nadie llegue, o si acaso sean pocos, a esta lectura de poesía cuyo título parodiaba la más nueva película de Julio Hernández Cordó. Son las siete apenas y Te prometo poesía casi inicia. La Pulquería Insurgentes ya nos había albergado exitosamente para la clausura del ciclo Ruta Alterna. Entonces leyó Ángel Ortuño, Carlos Vicente Castro, Robin Myers, Sergio Ernesto Ríos, Ismael Velázquez Juárez, Álvaro Luquin, Óscar de Pablo y Xitlálitl Rodríguez Mendoza. Ahora esperábamos no sólo a poetas nacionales sino también de Venezuela y Argentina. El formato no podía ser otro que el de una lectura fugaz, ya de one-hit-wonders, covers y/o poemas inéditos: Te prometo poesía como un greatest hits poético con B-Sides raros. El pulque comenzaba a oler en la madera vieja de la planta alta. Estábamos listos.

Uno de los rasgos más interesantes en la curaduría de lecturas multitudinarias de poesía, es que “poema” puede significar tanto como puede hacerlo el todo: casi cualquier cosa. Definir una línea estilística es prácticamente imposible, por lo cual la eventual selección, aunque parezca evidente decirlo, es arbitraria y por su propia naturaleza no puede aprehender la diversidad poética de la ingente producción en la poesía: poetas que escriben desde y en los confines de lo corporal, que exploran espacios limítrofes o que reducen al absurdo, con ironía y cinismo, a la poesía desde la poesía misma.
Muestra de ello fue también el segundo bloque, constituido por Ánuar Zúñiga y Arturo Loera, que, junto con Antonio León, hicieron que Chihuahua y Mexicalli –respectivamente– tuvieran presencia en la lectura; el recientemente premiado con el segundo lugar dei concurso de Punto de Partida de la UNAM, Iván Palacios Ocaña, así como la editora del Círculo de Poesía Andrea Muriel, que en su labor ha puesto especial atención a la poesía joven mexicana, leyeron en este punto de la noche; finalmente, Alexander Estrada, de Toluca, y Tuti Curani, desde Argentina, culminaron con el carácter heterogéneo de ese momento. Aunque podrían cruzar por sitios similares, las líneas de sus poéticas jamás se fundaban en un sola. La noche apenas iba consolidando algo que, por lo menos para nosotros, era inédito: los pasillos alrededor de las sillas, la barra y espacios contiguos también estaban repletos. Tuvimos que pedir en esa pausa que quitaran las sillas.
Otro de los rasgos que pueden arrojar, a bote pronto, esta multiplicidad de voces, aunado a la imposibilidad de definir la poesía como algo unívoco, es un distanciamiento de la legitimación estética por vía del Estado como algo imprescindible en sus carreras. Es decir que, aunque muchos eran o fueron apoyados con programas como el PECDA (Programa de estímulo a la creación y al desarrollo artístico) y/o becas del FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes) —así como premios estatales y nacionales— la visibilidad creativa venía en igual o mayor medida a través de las redes y revistas electrónicas que ahora proliferan. Y si bien tomar lo “joven” y lo “nuevo” como un valor poético esencial es una falacia crítica, en general, en Te prometo poesía vimos el germen de un ímpetu que puede o no atravesar por Tierra Adentro o Letras Libres —por decir un par de signos de las letras mexicanas: ser un autor en dichos aparatos no es más una condición necesaria de relevancia crítica —si es que alguna vez lo fue. Queda que el rigor poético en el trabajo haga de ese torrente no un simple eco. Pero algo quedó claro en cuanto a la construcción de discursos poéticos: todo se vale.
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Ahora que el recién fallecido Rafael Tovar y de Teresa deja inconclusa la Ley de Cultura, quedan en el aire muchas dudas frente a una sola certeza: ¿cómo gestionar ante la gran proliferación creativa en diversos ámbitos artísticos? Redundante es decir que lo múltiple no implica calidad alguna así de facto, sin embargo, la probabilidad de que la creación se nutra a sí misma con sus vertientes internas y externas es alta. La inutilidad de la poesía —en todos los sentidos que puedan interpretarse tal apelativo— no ha sido indiferente a este proceso rebosante de creatividad donde la interdisciplina es cada vez más un signo inherente a estos movimientos poiéticos, a los cuales no me referiré en su conjunto como “generación” porque decir tal cosa es decir lo mismo que nada. El mantel verde ya no es suficiente para albergar expresiones tan distintas. Hacen falta espacios que den cabida a este desarrollo de prácticas, no sólo en la Ciudad de México, sino en el país entero. Que la coyuntura no merme esto, sino que lo potencie, de alguna forma es también nuestra tarea.
En la última parte de Te prometo poesía leyeron Daniel Bencomo, Jesús Carmona-Robles en relevo de Adrián Martínez, Valeria Guzmán, Emmanuel Vizcaya, César Bringas, Xel-Ha López Méndez, Ashauri López, Martín Rangel, Aleida Belem Salazar, Clyo Mendoza, Pablo Piceno, Andrea Alzati y Ricardo Limassol, culminando entonces el recorrido sinuoso de una larga noche, donde los trayectos fueron marcados por las poéticas tanto disímiles como cercanas. Eran casi las once y en la planta alta de la pulquería no cabía una sola persona más. “No recuerdo haber visto así de lleno aquí por un evento cultural más que cuando Guillermo Fadanelli vino con Juan Villoro y Carlos Martínez Rentería”, le dije a Emiliano Escoto, quien nos apoyó en la logística y organización del evento. Tras la última palabra dicha por Limassol, estalló en perfecta sincronía la música y todo el lugar desbordó como si se hubiera mantenido contenido por mucho tiempo. Lo demás fue una fiesta.
Fotografías de Carolina Castro
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