julio 2025 / Reseñas

La fantasía es un mecanismo de defensa

Daniel Hurtado, No soy el único, Ciudad de México, Los Libros del Perro, 2024, 63 pp.

¿Cómo vivir en un mundo, en una sociedad, en una familia, en la que no nos acomodamos a sus parámetros, en la que no cumplimos sus expectativas?

¿Cómo hacer que no nos duela ese rechazo de quienes son más cercanos y deberían querernos, protegernos, aceptarnos?

A esos abismos vitales nos enfrenta Daniel Hurtado (Morelia, Michoacán, 1996) en No soy el único, editado por Los Libros del Perro, editorial que se está convirtiendo no solamente en avanzada de una generación de enorme talento, sino también, y ante todo, en lugar seguro para quienes sentimos, al igual que Daniel, que no cumplimos ciertas expectativas, que no nos acomodamos a ciertos parámetros, que necesitamos ser aceptadxs como somos y con lo que tenemos que decir.

Y Hurtado tiene mucho que decir.

Denuncia las violencias, los micro y macromachismos que continúan en la entretela de las familias: el no querer entender al otrx, la falta de empatía, el rechazo, la frialdad.

Y la voz poética se sobrepone a todo ello, evolucionando para que se transforme en materia literaria, en mirada franca y valiente, en revelación. Escribe Hurtado:

No soy el único
que carga en un costal sus problemas,
el repudio
de mi apariencia rota
en el retrato familiar.

Ser roto,
no importa,
no me afecta.

Esos minúsculos pedazos del cristal
ya no duelen,
se convirtieron en bola disco
y brillan.

Brillar en la disidencia, llegar a la concordia de la mano del cariño. Me recuerda mucho a cierta iconografía del siglo XII, especialmente la que llevó a cabo el obispo Suger, en la abadía de Saint-Denis, Francia, que representa, siguiendo a san Pablo, a dos hermosas mujeres: Ecclessia, coronada, y Synagoga, con los ojos vendados, lo cual nos habla de la ceguera de aquellos judíos para encontrar la verdad. Lo interesante que el nuevo pensamiento del siglo XII nos presenta, de la mano de san Bernardo de Clairvaux, es la idea de concordia: es Synagoga a quien se le devuelve la vista, ya que un ángel le destapa los ojos. Esa idea es la que me viene a la mente al hablar de «concordia» en los poemas de Hurtado, hacia el final de la primera sección. No desacredita a lxs otrxs (a su familia) por no ver; al contrario, crea un lazo amoroso para que las nuevas generaciones vean con claridad.

Esto sucede en el bellísimo “Testamento para Gala”, poema que en sí mismo contiene una gran dosis de generosidad, ternura, empatía y al mismo tiempo una buena parte de ironía, así como una comprensión y aceptación del mundo que lo vuelven un excelente cierre de sección.

Esa libertad que le plantea a la voz poética concebirse como un ser humano completo (y no “roto”), como una persona con derecho a disfrutar cuanto la vida le ofrece la vida, lleva dicha voz a acercarse al amor. Y en ese camino se encuentra con el título de la siguiente sección del poemario: «Escorpiones». Seres ruines, cargados de tósigo, dispuestos a tomar el papel de la familia en el golpe, la desdicha y la malicia. Nuevo aprendizaje de la voz poética, especie de Bildungsroman en verso, donde ese yo que nos habla se enfrenta a obstáculos emocionales y psicológicos que debe enfrentar para encontrarse y afirmarse.

Ese dolor tiene muchos nombres, como también son muchos los de quienes lo infringen. Todos ellos se acrisolan en un ser originario, dador de todos los reproches, toda la incomprensión, todo el desamor. Por eso el lugar que ocupa el poema “Sala de choque” en esta sección (y dentro del poemario) es crucial, y nos abre los ojos al caminar aprendiendo de ese yo que nos ha abierto la entraña para detallarnos, poéticamente, su andanza.

Así, andando, la voz se presenta en el primer poema de la siguiente sección: «Bolsas raídas de mandado», que me parece excepcional y cito a continuación:

Hay días en que las palabras ciñen
como bolsas raídas de mandado.
El plástico a punto de explotar
dibuja en los pliegues de mis dedos
el morado que detiene nuestro camino.

La pausa, es inevitable,
es el peso de los que protegemos
la generosidad y el cariño
con la mejor artillería y mente de ajedrez,
como una suerte de inocente Pandora.
Pienso en la derrota
de los que hemos entregado el corazón
a todo aquel que ejerció una sonrisa farisea.

Otra pausa,
limpiar el sudor del medio día.
El rayo de sol en el rostro cansado indica:
hay días en que las palabras ciñen
y el cambio de mano es inevitable.

En esta última parte, el yo ha llegado a una claridad de visión, de emoción y de pensamiento que le permite abrazar ese pasado, aceptarlo, construir con lo que se tiene a partir de ese momento: la palabra, la imaginación creadora. Los poemas surten un efecto epifánico, que logra, ahora sí, trastocarlo todo y encontrar plenitud.

Llega el instante en el que ese yo que nos habla se siente adecuado, sin importarle qué piense el mundo o lo haga hostil, a fin de construir uno propio; encuentra una versión más auténtica de sí mismo, en un camino que nunca se evapora del todo pero que ha superado la necesidad urgente de aceptación de los años formativos, al pasar de la desesperación y la inexperiencia a la certeza.

No soy el único es un recorrido en el cual la voz poética, por mucho que lamente el dolor de alcanzar el estado al que llegó, también lo echa de menos. Eso es lo que sucede con ese anhelo, que se mantiene vivo por la escritura y por aquello dicho por Daniel Hurtado en el último verso del libro:

La fantasía es un mecanismo de defensa


Autor

Roxana Elvridge-Thomas

Ciudad de México, 1964. Poeta. Estudió la Licenciatura en Ciencias Humanas en la Universidad del Claustro de Sor Juana y la maestría en Literatura Mexicana en la UNAM. Ha obtenido varios premios nacionales en poesía, ensayo y periodismo, así como las becas del FONCA de Jóvenes Creadores y del Sistema Nacional de Creadores, en el área de poesía. Tiene publicados nueve libros de poesía y tres de ensayo. Actualmente se desempeña como profesora-investigadora de medio tiempo en la Universidad del Claustro de Sor Juana y da clases en la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBAL y en la Universidad de Londres.

julio 2025