septiembre 2025 / Rescates

Esta lejanía es todo mi pecado: Aldo Oliva

Aldo Oliva en el bar Laurak. Fotografía: Claudia del Río.

El poeta rosarino Aldo Oliva (1927-2000) escribió en vida únicamente tres poemarios. Su reticencia a publicar, su distancia de cualquier movimiento poético de la segunda mitad del siglo XX, la complejidad de su obra explican en parte este fenómeno. Recién en 1986 y a los 59 años publicó su primer libro, César en Dyrrachium, un objeto raro, anacrónico y como fuera de este mundo. Pocos lo advirtieron. Constaba, la primera parte, de una versión en alejandrinos del libro VI de la Farsalia de Lucano. Un cierto hermetismo se unía a un léxico alentado por el modernismo de Lugones, pero leído desde Borges. Diez años después llegó De fascinatione, un volumen de una densidad conceptual y estilística desusadas, y en 1999 publicó Ese general Belgrano y otros poemas, un texto poético que oscila entre el registro épico y el autobiográfico. La reducida bibliografía de Oliva no lo privó de convertirse en uno de los poetas esenciales de su generación. Su tono es imposible de describir. Una suerte de español extrañado, libresco, atravesado por miles de atentas lecturas. Una belleza lírica muy difícil de emular.

Hacia 2003, la Editorial Municipal de Rosario se encargó de editar en un único tomo su Poesía completa (de 2016 corresponde su segunda edición corregida y aumentada). Oliva cierta vez dijo en una entrevista: “Para mí escribir es, más bien, un acto de devoción, un ámbito donde me concedo cierta libertad”. Profesor de la UNR desde 1984, amigo de Juan José Saer, también tuvo en su haber un libro de investigación en prosa: El fusilamiento de Penina, sobre el asesinato en 1930 del militante anarquista Joaquín Penina, cuyo tiraje fue incinerado íntegramente junto a otros libros del depósito editorial por las autoridades militares que intervinieron el sello Vigil tras el golpe de Estado en Argentina de 1976.

De espíritu libertario, Oliva buscaba incentivar en el auditorio a no leer lo enunciado dentro del cristal de la institución de la lengua, que petrifica e impone discursos pretendidamente inamovibles. Así fue como dictó cursos sobre marxismo, filosofía y literatura, indistintamente en aulas y bares.

Selección de poemas de Aldo Oliva


Raíz

Ni el aguaribay de sensible verde,
ni la cálida idea de la fraternidad,
ni las estrellas del alcohol
que encienden las estrellas,
ni el lujoso perfume
que arrecia en la derrota
del que se afanó en lo real,
soñó, lució, naufragó,
se afanó en lo real,
ni el número posible
que desnude el mundo
son Tú, tu verdad
de semilla durísima que liga
a esta tierra de sangre,
niebla, sueño,
mi mano…
Oh, tú, rostro del alba,
más allá del alba.

Verano

Para la ascensión de mis ojos,
déjame apenas
la violencia solar.

Mi fe se llama
azulamiento atroz que canta:
ciclos que ciñen
la sumisa tierra de oro.

La sombra velocísima del fruto
que sostengo quebrándome
me alimenta de pájaros.

Para el prestigio de mi destrucción
déjame apenas
los alcoholes frenéticos del aire.

Por mi sangre descienden
a su único sueño,
reunido, fervoroso, que se tumba
y muere.

Suben entonces mis niños ágiles,
destruyendo, a tu vientre.

Mucho más lejos, una vibración entre dos saltos,
—esta lejanía es todo mi pecado—
la ulterior población dulcemente desnuda
danza en la luz.

Movimiento creciente

Surjan, surjan,
       del sortilegio votivo
       en el oleaje, en las turbias aguas de tierra
       agitadas por la iniquidad,
el futuro del fuego. Elévense
hasta el momento ausente y solidario
del magma que será, hasta su consolación,
un esplendor de vida.
       Pero acecha de promisoria
avalancha tus manos. Pisa, en el aún, vacío
con tus pies de crecimiento iluminante, la
cerrazón que obtura el esplendor deseado
del andar.
       Después salta: inventarás un cielo
de estrellas que no viste y visitaban, sin
embargo tus sueños; y no sabrás que eran
lo que, tardíamente, eran lo real que irás creando.

Heliotropo

El acto de piedad del heliotropo
en la niebla cerrada —instilar alucinado—,
ocultándose en el magma gris,
combate con saetas amarillas
la obsesión del giro de su propio fuego
y sesga de violento candor
la saña de su verde foliación hacia
la inmensidad de los cielos hostiles
que hollan la humillada tierra solar
  para renacer en la especie.

De profundis

Sí, aunque su esencia se obscurezca en la
negación, mi amor es una hondonada
cavada en el humus iluminado por
pájaros resplandecientes en la ceguera.
¿En la profundidad se hunde un sol
que canta en la cimera donde las nubes
lloran su germen de aguas exaltadas
por la elegía del limo donde el latir
del principio estalla en ondas pertinaces
que en sus lúcidas esquirlas llamamos
la opresión de la angustia, cuando su visión
de lo real transfigurado golpea
la culminación del oro de la sangre?
Sí, somos de un fuego hidratado en perlas
caducentes; una diadema que, inexorable,
ceñirá, hasta el exterminio
la altura que alucinamos consagrada.
Hasta aquella hondonada fingiremos un pensamiento
solidario, la floración del bien, el ilustre crisol de la virtud.
Vivimos columbrando, entonces, la opacidad de los
actos: andaremos calles, segaremos trigo, la
ejercitación del crimen solazará las ráfagas
del existir: SOMOS ¿qué somos?
     ¿La ablación de la flor?
     ¿La ausencia hendida en el futuro?


Autor

Augusto Munaro

Buenos Aires, Argentina, 1980. Narrador, poeta, traductor, editor y periodista. Ha publicado más de cuarenta libros, entre los que destacan lenguatomada (2023), La gran ilusión (2023), Rachel, un experimento (2023), La esfinge de cristal (2023), La leyenda de “Krazy” Becker (2024), Trino (2024), ü(n) nhadha d'or (2024), La imagen mutante (2024) y Variaciones Dodds (2024).

septiembre 2025