El horror merece nombre propio

Mi par de ojos no miran hacia afuera./
Miran hacia dentro. /
Y por eso me río. /
La carcajada es un hecho siniestro./
Y la curvatura de la espalda es un gesto erótico/
no geométrico. 

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El texto del mundo

Alguien/
se acerca a un pozo en busca/
de agua/
y extrae calumnias./
O no lo son y es/
que el agua sabe así./
Alguien/
se acerca a un pozo en busca/
de agua. Abre/
la boca./
Un hilo de saliva/
enrojecida/
se enreda en la polea.

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La palabra rosa escondió sus pétalos

Los niños son anarquistas/
que huyen del presidio escolar/
cuando suena la campana./
Los adultos lo advierten/
y entre tibias caricias/
deciden enjaularlos/
en corrales de nácar./
Los he visto irrumpir/
en el velorio de la abuela,/
ruidosos y acezantes /
tras aros de hielo/
y caballos de madera.

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En casa no hay leche materna

Escucha, ¿cuál es tu nombre?, recordar el mío es difícil, la vida es difícil, recordar mi rostro es difícil, reconocerlo como un ser ante mí en el espejo… ser un ser es difícil./
Agonizo, el aburrimiento es inminente, dormir seis horas al día, ocho de noche, entrelazar, los pelos y la saliva, las caricias./
Respirar.

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Homenaje al país de los misterios

En su libro Destino: Rúa Aurora (1986; Mafia Rosa, 2012), el recién fallecido poeta Alfredo Fressia (1948-2022) introduce este curioso poemita de Murilo Mendes sobre el Uruguay: al leerlo y ahora traducirlo, pienso que Alfredo se sentía un poco como esos otros habitantes del Uruguay exiliados en Brasil, como él lo estuvo desde 1976, pero a la vez como aquellos emblemáticos poetas uruguayos que adoptaron la lengua francesa (y, en el caso de él, también la portuguesa).

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Cuando mataste a los gorriones

Celebro la llegada de mi alma al cuerpo,/
llevo pasto al cordero de agua,/
cera unida con astillas a las cestas,/
eslabón esquivo del frío/
de un calor./
Esta relación trinitaria/
mastica junta amargos dátiles,/
amargos dátiles nacidos en la honda arenisca de la duna.

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El alquiler del cielo

Mientras algunos piden limosna para /
pagar el alquiler del cielo,/
yo aguardo que venga la calle correcta/
pero me pongo nerviosa y salgo /
por la calle de los domingos./
Menos mal que siempre/
guardo un camino de vuelta/
aunque no sepa exactamente dónde.

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qué es realmente un punto ciego

entonces, miro el desierto, viento cadáver, carretera sin final,/
terreno irresoluto, irascible e infinito, donde toda la verdad se/
presenta a sí misma como una muerte sin fin, como un espiral/
de arena, de sed, de destierros involuntarios, pero así me uno/
y así huyo de ti y de mí…

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El dinero solo sirve para nombrarme

Concretamente/
me siento atrapada/
entre espejos./
Entro a internet/
como entrar a un campo/
de amapolas,/
algunas zonas vigiladas/
por esclavos,/
me siento más/
como un tallo/
que resiste.

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Un gesto que nunca sé decir y que no digo

Porque dices que no/
a lo que encuentras;/
porque saber te colma/
de aciaga luz el buche;/
porque dudar/
te mortifica tanto/
como entender y estar de acuerdo;/
porque un día te esfumas/
como la gata parda/
de la fábula…

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