Miro a babor. El mar nace del mar / De los seres prehistóricos que lo habitan / Del primer trilobite en su regazo / De las oscuras e ingrávidas algas / De los calamares gigantes que circundaban los antiguos galeones / De las islas improbables que alucinaron los gavieros en su puesto / De la imaginación desbordada de Julio Verne y su inolvidable Nautilus…
Ellos permitían su belleza, sus genitales / así se conformaba el mundo / nosotras creíamos en un lenguaje común / bien comido, el abandono / es una ciencia natural, qué aprenderás / de todo esto?: sé / transparente sé / y cómo predicábamos / furia, hembra, nailon! / no hay manera adulta de desear / en este lenguaje con huecos: orgasmo! y / tampoco hay cosas propias
Él persigue las mariposas en el parque del Rey Borís / pero no puede llevarse a su casa ninguna de ellas, / ni siquiera puede mencionarlas delante de sus padres. / / Pero aún más lo torturan sus huidas secretas / y continúa gastando su tiempo / en la búsqueda del perfecto ejemplar. / / Hace ya tiempo que perdió la noción de lo que busca, / solo sabe que nada puede complacerlo…
Inabarcable y extraordinariamente lúcido, Sergio Loo sabía, conversaba y exponía de casi cualquier tema que en este momento se me pueda ocurrir. Loo daba detalles, formulaba precisiones, acotaciones y aristas con los cuales complejizar y dar muchas vueltas de tuerca a cada uno de los asuntos que, con cuidado, ponía sobre la mesa de disección.

Con ironía y un humor bastante negro, ante el que mi ánimo —de natural inclinado a ver el lado bueno de las cosas— muchas veces se incomodaba, Loo me contó que estaba interesado en escribir sobre las imágenes: sí, mira, lo que significan, lo que venden, lo que cuestan, lo que nos mueven, lo que nos hacen pensar involuntariamente. Recuerdo esas conversaciones en las que me caían ráfagas, descargas de preguntas puntuales, certeras y ácidas, con agradecimiento y alegría.