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| Por Lorena Garduño |
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No. 85 / Diciembre 2015 – Enero 2016 |
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Al cerrar el libro de inmediato vinieron a mí estos fragmentos de Ernest Cassirer: “El hombre no vive en un universo puramente físico, sino en un universo simbólico… Lengua, mito, arte y religión… son los diversos hilos que componen el tejido simbólico… Al lado del lenguaje conceptual hay un lenguaje del sentimiento, al lado del lenguaje lógico o científico está el lenguaje de la imaginación poética…” Pues, al igual que en el texto anterior, Manuel Cuautle en Ángeles insurrectos conjuga lengua, mito, arte y religión y nos invita a traspasar estos universos de pronombres, materia y espacio celestial, escritos en un paisaje humanizado con palabras de lenguaje sencillo e insondable, donde da muestra de su gran habilidad poética en la belleza y vigor de cada uno de sus versos, así como en el sentido oculto que los rodea. Poemas de una atmósfera abstracta, fuera de todo espacio, fluye por los ojos hasta la psique del lector para enfrentarlo con su ser histórico, químico o aladamente sugestivo, mediante poemas de carácter social y político que no desdicen su producción anterior, sino por el contrario, son parte fundamental en el estilo del autor. Pero también de leves tintes filosóficos, ya que propone que toda insurrección sólo es posible si existe un conocimiento profundo que nos permita apropiarnos de quienes somos. O bien, como se explica en la cuarta de forros: “Antes de caer el ángel que se reveló tuvo que haberse respondido quién era. La insurrección, después de esa pregunta, seamos quienes seamos, parece siempre la única vía.” Este libro es constituido por: “Pronombres personales”, “Elementos” y “Ángeles insurrectos”, que se enlazan uno con otro, como una madre que alberga a triates. En estas palabras el fuego purifica a la madre (madre idea, madre galaxia, madre idioma), madre y hermana tierra, en un sueño que despierta a la realidad sin corrupción, del libro de los “Elementos” cito: […]Fuego […]beberemos el sueño Y… ¿Dónde se gesta la vida, si no es en el universo? el cosmos cabe en una gota de rocío, ese mismo microcosmos que el autor desglosa en el libro de los Elementos: Agua como “líquido amniótico de la vida”, del Aire al que compara con “el cataclismo del vacío”, del Fuego nos dice que es “nómada que devora todos los cuerpos” y de la tierra “única realidad que nos ampara”. Estos poemas dedicados a los elementos, sin los cuales nada podría latir y generadores de las cosmogonías son la mirada que se retoma de la materialidad primigenia de la vida, cito: Aire …te conjugas VI Hola ángel Estas mariposas célicas dignas de esparcir horror en la venganza de su exilio y sumisión, pese a que tienen en común la lejanía con el reino de la gloria, son ángeles opuestos a los de Manuel Cuautle que revolucionan al tomar en sus manos el derecho a elegir, pero, es necesario decir que son para él (cito): I Ángeles caidos Si recordamos el mito del Minotauro, entonces la materia de éste es, castigo divino, lujuria anormal e incontrolable, rabia, codicia, mostruosidad y desprecio e intolerancia del hombre por lo distinto, ergo los que eran mensajeros de dios son una suerte de humanos amorfos más parecidos a aquel que los concibió, por si fuera poco, son esclavos, fantasmas que nunca han experimentado su muerte. ¿Qué siente Cuautle por ellos, odio, repudio, compasión? Eso él ya nos lo dirá (o no), lo que sí es que los toma a pleno vuelo en la tinta y los zambulle al papel como en esas pinturas de Doré, y les obsequia en un acto de benevolencia la libertad eterna. Este poemario es misterio y caja de pandora en cada verso, es indudablemente resurrección impresa, tal cual señala su epígrafe principal de José Emilio Pacheco: también en la memoria
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