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No. 67 / Marzo 2014 |
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Fernando Nieto, dignidad y poesía
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Por Jeremías Marquines |
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No basta con escribir libros de versos para ser poeta. Es necesario entender la vida de otra forma, tener las antenas bien afiladas, el espíritu alerta, ayudar a la gente a despertar. Con estas palabras el poeta catalán Joan Brossa definió su obra artística. Con estas palabras recuerdo el oficio, la obra y la amistad respetuosa con el poeta ecuatoriano Fernando Nieto.
A Fernando Nieto le conocí a través de sus libros, de sus poemas; algunos de ellos me llegaron por medio del poeta Juan de Jesús López, uno de los múltiples y entusiastas talleristas que el vate ecuatoriano ha tenido en Tabasco. A diferencia de algunos otros que tuvieron la fortuna de estar muchos años cerca del maestro en sus talleres, yo reconozco que llegué tarde, pero creo que en un buen momento. Hoy a diferencia de años atrás, veo a un Fernando Nieto con una dimensión literaria y existencial mayor. Veo a un gran escritor consistente, congruente y honesto con lo que hace y dice, es un ejemplo absoluto de lo que un escritor debe ser; sobre todo en este tiempo en que la regla es tratar de parecer brillante, pero no serlo, aparentar, simular, matizar, mimetizar. Fernando Nieto es un poeta que ha generado a lo largo del tiempo polémica, envidias, malquerencias en los poetas viejos, en los mediocres y en los de su propia generación. A mí me gusta su irreverencia, su dignidad ante la vida, su vocación de pedagogo renegado. Y aunque es arriesgado y quizá presuntuoso, personalmente estimo que es uno de los pocos poetas que han influido lo que escribo, sobre todo, en lo que se refiere al ritmo; su prosa melódica solamente un sordo no la aprecia. Fernando Nieto es el poeta que sabe que ser poeta significa tener las antenas bien afiladas, el espíritu alerta, el asombro despierto y, sobre todo, como ha sido desde hace mucho tiempo el compromiso de Fernando Nieto en Tabasco, ayudar a la gente a despertar. No se puede entender una parte de la poesía que hoy se escribe en ese lugar, sin la presencia crítica de Nieto Cadena. |
Bahía de Santa Lucía, Acapulco, Guerrero
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Foto de Fernando Nieto Cadena, cortesía de Elizabeth Meza García. |
Fernando es el mejor ejemplo de que la tristeza y la nostalgia alcanzan su más alto registro estético a ritmo del son. En la poesía, la tristeza no tiene porque ser triste. La tristeza, la melancolía en la poesía de Fernando, es un estado estético, no un estado de ánimo. Un desvío irónico, creo. En fin, no escribo este texto para hablar de la poesía de Fernando, aunque debo confesar que es difícil, porque la simbiosis obra-autor es irreductible, sobre todo, cuando la obra, como en el caso de la escrita por este ecuatoriano-tabasqueño revela un inmenso compromiso con la honestidad. No hay en este poeta invenciones superfluas, ni anécdotas de experiencias fallidas que pretenden instituirse como protocolos poetizantes; no hay, afortunadamente, la clásica posición “poética”, que está siempre muy presente en los mediocres.