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No. 55 / Diciembre 2012-Enero 2013 |
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Mente y espíritu
Mística y Poesía Por María Auxiliadora Álvarez
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El retorno a la búsqueda de un origen oculto semeja las operaciones del psicoanálisis. Así pareciera que la práctica del psicoanálisis pudiera compararse con el ejercicio interiorizado de la mística. Pero para “el espiritual” (en términos de San Juan de la Cruz) la búsqueda del sí mismo no recaba en el sí mismo. La espiritualidad oriental también ha observado la práctica occidental del psicoanálisis como un foco de contradicción entre el ser y el mundo. Según los principios del shivaísmo de Cachemira, la reserva al psicoanálisis occidental apunta a la exhaustión de la inmediatez del yo (como si un yo cada vez más fuerte pudiera sustituir el universo o sobre imponerse a él). El shivaísmo de Cachemira considera que el yo y el mundo son una sola cosa y que la mente (el yo) se encuentra separada del espíritu (Dios, yo y mundo reunidos). En la des-relación producida por el psicoanálisis occidental, los límites del yo descolocan sus interrelaciones funcionales en una suerte de hermetismo anecdótico (la propia historia) que separa al yo del mundo, y de Dios.
Michel de Certeau señala las extrañas semejanzas (“d’étranges similarités”) entre el misticismo moderno y el psicoanálisis, pero sostiene que la realidad de los místicos no debe ser escuchada por boca de los historiadores, quienes suelen confundir los signos similares (o relaciones de familiaridad) entre las extrañezas:
Pese a la similitud lexical o procesal, el misticismo y el psicoanálisis no son comparables, gracias o a pesar de la historia. Una historia que en Occidente decidió separar la “razón” del “espíritu”, un fenómeno que no ocurrió en el Oriente. |
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Ilustración: Fotografía de ídolo, Shiva |
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El retorno a la búsqueda de un origen oculto semeja las operaciones del psicoanálisis. Así pareciera que la práctica del psicoanálisis pudiera compararse con el ejercicio interiorizado de la mística. Pero para “el espiritual” (en términos de San Juan de la Cruz) la búsqueda del sí mismo no recaba en el sí mismo. La espiritualidad oriental también ha observado la práctica occidental del psicoanálisis como un foco de contradicción entre el ser y el mundo. Según los principios del shivaísmo de Cachemira, la reserva al psicoanálisis occidental apunta a la exhaustión de la inmediatez del yo (como si un yo cada vez más fuerte pudiera sustituir el universo o sobre imponerse a él). El shivaísmo de Cachemira considera que el yo y el mundo son una sola cosa y que la mente (el yo) se encuentra separada del espíritu (Dios, yo y mundo reunidos). En la des-relación producida por el psicoanálisis occidental, los límites del yo descolocan sus interrelaciones funcionales en una suerte de hermetismo anecdótico (la propia historia) que separa al yo del mundo, y de Dios.
En su estudio La fablemystiquè (1982), Michel de Certeau analiza la mística moderna occidental (surgimiento, modalidades y funciones)en relación con la práctica del psicoanálisis. Según De Certeau, el revolucionario impacto del psicoanálisis freudiano en el siglo XIX no representa otra cosa que un “positivismo optimista”; por otro lado (o tal vez por el mismo) De Certau observa la relación entre el doctor y el paciente como una “maquinaria ambigua” de colonización del inconsciente. Para evitar el mismo problema en la mística moderna, De Certeau excluye enfáticamente cualquier forma de epifanía como supuesto discurso único y verdadero: la historiografía interior (personal o comunitaria) no debe buscar “develar” la presencia de estructuras absolutas, sino descubrir las mútiples y mutables inmanencias del Uno diseminadas en la vida de cada día: