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Richard Thompson, un maestro de la desesperanza |
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No. 50 / Junio-julio 2012 |
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Richard Thompson, un maestro de la desesperanza |
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Música y poesía
La historia pública de Thompson comienza en 1967, cuando se formó Fairport Convention, el grupo de folk rock británico que, en cierta forma trataría de imitar a The Byrds y a otros pares estadounidenses, previo reemplazo del folk de los Estados Unidos por las ricas variantes británicas. Thompson pronto se reveló como un excelente compositor y arreglador –lo cual puede oírse en los tres álbumes grabados en 1969: What We Did In Our Holydays, Unhalfbricking y, sobre todo, Liege & Lief, considerado por la crítica como uno de los mejores discos del género–, además de un singularísimo maestro de la guitarra. A Henry, the Human Fly (1972), el primer disco solista de Thompson, siguieron I Want to See the Bright Lights Tonight (1974), Hokey Pokey (1975) y Pour Down Like Silver (1975), todos a dúo con su entonces esposa Linda Thompson. Ambos, al cabo de una conversación con Ian Whiteman –por entonces, músico de Mighty Baby y más tarde, con el nombre Abdal Lateef, calígrafo y diseñador de libros–, en 1973, optaron por convertirse al Islam y, más precisamente, al sufismo. “Yo era un joven que trataba de conectarse con otro tipo de realidad –manifestó Richard Thompson en una entrevista de la revista Q, de 1988–. Acababa de darme cuenta de que el sufismo era lo que estaba buscando. Intelectualmente, decidí que era lo que tenía que hacer, y cuando me topé con los musulmanes, reconocí una cualidad en ellos que quería para mí”. Así, luego de desprenderse de todo sus objetos materiales y de abandonar las grabaciones y las giras por tres años, entre 1975 y 1978 vivieron en una comunidad ascética en Hoxne, cerca de Diss, entre la frontera de Norfolk y Suffolk. El número de grandes canciones compuesto por Richard Thompson es realmente asombroso. Muchas, como las de los ejemplos que aquí se ofrecen, tienen una estructura simple que proviene de la forma “balada” –vale decir, una ficción llevada a la canción a partir de sus datos meramente esenciales–, que Thompson aprendió durante sus años de músico folklórico. Adaptada a temas contemporáneos, con una invariable tendencia a la desesperanza, resulta sumamente eficaz. El gran Valerio Bien alto, por sobre la multitud The great Valerio High up above the crowd/ The great Valerio is walking/ The rope seems hung from cloud to cloud/ And time stands still while he is walking/ His eye is steady on the target/ His foot is sure upon the rope/ Alone and peaceful as a mountain/ And certain as the mountain slope/ We falter at the sight/ We stumble in the mire/ Fools who think they see the light/ Prepare to balance on the wire/ But we learn to watch together,/ And feed on what we see above/ ‘Till our hearts turn like the seasons/ And we are acrobats of love/ How we wonder, how we wonder/ Watching far below/ We would all be that great hero/ The great Valerio/ Come all you upstart jugglers/ Are you really ready yet?/ Who will help the tightrope walker/ When he tumbles to the net/ So come with me to see Valerio/ As he dances through the air/ I’m your friend until you use me/ And then be sure I won’t be there/ How we wonder, how we wonder/ Watching far below/ We would all be that great hero/ The great Valerio Me siento tan bien Me siento tan bien porque esta noche le voy a romper el corazón a alguien. I feel so good I feel so good I’m going to break somebody’s heart tonight./ I feel so good I’m going to take someone apart tonight./ They put me in jail for my deviant ways,/ Two years, seven months, and sixteen days./ Now I’m back on the street in a purple haze/ And I feel so good/ I feel so good/ I feel so good I’m going to break somebody’s heart tonight./ I feel so good I’m going to make somebody’s day tonight./ I feel so good I’m going to make somebody pay tonight./ I’m old enough to sin, but I’m too young to vote./ Society been dragging on the tail of my coat/ But I’ve got a suitcase full of fifty-pound notes/ And a half-naked woman with her tongue down my throat/ They’ve made me pay for the things I’ve done./ Now it’s my turn to have all the fun/ I feel so good I’m going to break somebody’s heart tonight. |
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Bleak en inglés significa “desolado”, “inhóspito”, “sombrío”, “lúgubre” y “lóbrego”, entre muchos otros adjetivos que apuntan a la descripción de las muchas formas que asumen la tristeza y la desesperanza. Esa misma palabra es la más usada por la crítica para describir las canciones de Richard Thompson (Notting Hill, Londres, 1949), uno de los más grandes compositores y guitarristas que el rock británico ha producido. Y tan es así que a los muchos reconocimientos recibidos –por caso, la Orden de Caballero del Imperio Británico que le otorgara la reina Elizabeth II en 2011 por “sus servicios a la música”– se sumó recientemente el doctorado honoris causa que le concedió la Universidad de Aberdeen, en Escocia.
En 1979, los Thompson decidieron salir de la comunidad y, si bien siguieron siendo musulmanes, poco a poco volvieron a conectarse con la música. Grabaron entonces First Light(1978) y Sunnyvista (1979). Pero las cosas entre ellos se habían enfriado. Durante una gira por los Estados Unidos, Richard estrechó vínculos con Nancy Covey, la organizadora, y puso fin al matrimonio. Con todo, él y Linda grabaron Shoot Out the Lights (1982), un último álbum que le pondría también fin a la relación profesional. Richard se mudó entonces a California, su nuevo centro de operaciones, y emprendió una exitosa carrera solista de la que son testimonio los álbumes Hand of Kindness (1983), Across a Crowded Room (1985), Daring Adventures (1986), Amnesia (1988), Rumor and Sigh (1991), Mirror Blue (1994), You? Me? Us? (1996), Mock Tudor (1999), The Old Kit Bag (2003), Front Parlour Ballads (2005), 1000 Years of Popular Music (2006), Sweet Warrior (2007) y Dream Attic (2010), además de varias recopilaciones y cientos de grabaciones realizadas en álbumes de otros músicos.