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Piedra del Molino Piedra del Molino es una revista de edición y diseño que se caracterizan por su buen gusto y sobriedad. Este número ha sido ilustrado con obra gráfica de Juana Rozas y José Lapayese del Río (en portada y contraportada). En la presentación (que funciona a modo de Editorial, sin serlo) se advierte la razón del nombre: “Hay una calle en Arcos de El criterio que ofrece a sus lectores es el de contener textos rigurosamente inéditos; y este número, inicia con un poema de Francisco Martínez de La publicación contiene 24 poemas de Antonio Luis Baena, Santos Domínguez, Alfredo Cortés, Felipe Martínez, Manuel Chacón C, Ramón Bascuñana, Exequias Blanco, Pablo Luque Pinilla, María Olivares, Amaya Blanco, Davis Leo García, Edda Armas, Maritza López-Lasso, Juan Manuel López, Belén Núñez, Inmaculada Moreno, Carmen Albert, Antonio Rodríguez Jiménez, Miguel Salas Díaz, Pilar Adón, María del Carmen Raigón, Ponciano Santos Duarte y Federico Monroy. La sección de Traducciones contiene el texto "Mutability" de Shelley en una versión borrador de Zenobia Camprubí y una versión de Juan Ramón Jimemez. Incluye tres poemas de Nuno Júdice en versiones de Jesús Munárriz. El vasar incluye cuatro reseñas sobre los libros: La mano abierta, de Julio Mariscal (Renacimiento, 2007); En resumen, Antología poética (1946-2005), de Leopoldo de Luis (Vandalia, 2007); La escritura poética china (Antología de poemas de los Tang) (Pre-textos, 2007); y Cuadros de Brueghel de William Carlos Williams (Trad. De Juan Antonio Montiel), (Lumen, 2007). Por último, la sección A tener en cuenta ofrece nueve comentarios sobre otros libros de reciente edición.
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| UNA VENTANA DE PAPEL Milcíades Arévalo Puesto de combate Número 72, Primer semestre 2008 Se necesita ser muy joven o tener una capacidad increíble de soñarse paraísos para emprender la publicación de una revista de divulgación literaria sin el patrocinio de nadie en la patria de los poetas. En esta patria nuestra, convulsionada en batallas de supervivencia, encontrar el truco que sirva de trampa provocadora del lector de revistas es, quizá, una hazaña más de la habilidad de los colombianos que nos permite ser distinguidos en el orbe. Mi primer encuentro con una revista literaria tuvo lugar en un barco mercante en los años 60. Su capitán era el argentino Ariel Canzani, un intrépido lobo de todos los mares que tenía en el cuarto de máquinas de su embarcación, una imprenta en la que publicaba la revista Cormorán y Delfín. Yo era por ese entonces un marinero y lo único que me importaba era llegar al próximo puerto. Pero el destino es una cosa muy rara. Tan fascinado quedé con todo lo relacionado con las publicaciones literarias que al final de un largo viaje por el mundo, le prometí a Ariel hacer una revista literaria, con una mentalidad abierta y pluralista –no populista–, para publicar junto a los escritores y poetas de renombre y a los inéditos, dada cuenta que casi todos los escritores colombianos, desde don Tomás Carrasquilla, pasando por García Márquez hasta llegar a los novísimos autores, empezaron su carrera literaria en las páginas de alguna revista, editada, la mayoría de las veces, por algún anónimo creyente de la literatura por venir. Del Caribe nos llegaban los vientos huracanados de la revolución cubana; del Cono Sur, el aliento cavernario de los dictadores de turno, que a su paso asesinaron a miles de ciudadanos, entre ellos a Ariel Canzani; en Colombia todavía andábamos con el Estado de Sitio a las espaldas. En la década del 60, en Colombia no existían los adelantos editoriales de hoy en día, pero aún así quienes editaban revistas culturales lo hacían con una devoción que rayaba con la terquedad, tal como lo hicieron en su momento Mito y Eco, que por el hecho de incluir en sus páginas textos de lo más representativo y valioso que había en ese momento en la literatura, la crítica y el pensamiento latinoamericano y europeo, marcaron la pauta de nuestra cultura actual. Su labor fue similar a la realizada en la Argentina por la revista Sur y en Cuba por la revista Orígenes, labor que continuaron más adelante El Corno Emplumado, La Bufanda del Sol, Pájaro Cascabel, Zona Franca, Casa de las Américas, El Pez y la Serpiente, El Cuento, Plural, Zona de Carga y Descarga Inc., Vuelta, Trilce, Amarú y una larga lista de revistas que extendían sus brazos de comunicación y divulgación desde Alaska hasta la Tierra del Fuego. “Antes de proseguir en la tarea del inventario de las revistas culturales colombianas, parecía pertinente preguntar a los que las hicieron, a los que aún las hacen, ¿qué significan para ellos? Ejercicio de la nostalgia, por una parte, y cultivo del anacronismo, por otra. Revistas académicas, revistas parricidas, revistas “comprometidas”, revistas definitivamente ilegibles que se nos caen de las manos… Si las revistas son efímeras, seres de un solo día, ellas, reiteran con terquedad el error feliz: ser fieles a su día, ser algo más que fieles a su tiempo. Gracias a dicho error subsiste en nuestro medio una de las tradiciones válidas dentro de la literatura colombiana, la tradición de la cual nadie está exento de culpa: la tradición de las revistas", decía el poeta Juan Gustavo Cobo Borda, al referirse a las publicaciones existentes en ese momento. Marinero de todos los mares en el juego de todos los días y en el imponderable de la poesía, me arriesgué a difundir la palabra a través de Puesto de Combate. Todavía no me explico como he logrado sobrevivir pero el que está convencido de lo que hace, continúa en la brega con la dignidad envidiable de quien por puro orgullo prefiere morirse de hambre antes que pedir limosna por principios estéticos. Cuando uno se lanza a hacer una revista, debe saber que las reglas del juego serán duras, implacables, y que miles de ojos estarán atentos para criticarnos el más mínimo error. Divulgar la literatura en libertad, ser libres, abiertos de mente y de corazón caliente, es la única manera de reiterar que en este país hacer cultura es resistir, a pesar del ninguneo, la corrupción, el favoritismo, la guerra y el cacareo de todos los días. Puesto de Combate es un territorio liberado por obra y gracia de la poesía. La ubicación precisa de este paraje está en el centro de ninguna parte, en la franja que se extiende más allá del horizonte, donde se originan los sueños y los presentimientos. Su definición cardinal se fundamenta en el poder de la imaginación, en la libre actitud de los seres humanos ante la vida y el arte. Es predominantemente lúdica y en vez de leyes se manejan reglas de juego que permiten la existencia de una estructura de ingenios y contrastes, donde se transforman contextos y se mezclan símbolos aparentemente inconjugables. Las crónicas y los informes, los reportajes, las declaraciones de amor, las reservas de odio, los comunicados dementes, las hermosas propagandas que escaparon de la oferta y la demanda, los recuadros con poemas y leyendas, las letras vivas, los fragmentos de noticias y las unidades afirmativas, los mensajes secretos y los planteamientos expuestos en la revista, que bien podría ser también un periódico o un cuaderno de bitácora, dan como resultado una revista como Puesto de Combate. Su nombre conlleva a pensar en una aventura coherente y lúcida, con personajes, situaciones, historias, suspensos, intrigas y desenlaces tramados sobre los hechos y las aspiraciones que registra. Esta tentativa sin precedentes, corre el riesgo de olvidarse muy rápido por la ausencia de difusión que permita exploraciones mayores sobre algunos aspectos que apenas alcanzan a ser sugeridos desde su aparición, una poética de integración de las artes, de las cosas ordinarias y de las preocupaciones esenciales del hombre. Sólo se requiere soñar en plural, elevarse a los planos mágicos de la ternura, merecer lo que soñamos. El camino ha sido largo y difícil en todo sentido, de la utopía al asombro, por la sencilla razón de que hemos sido demasiado ilusos, demasiado creyentes del verbo, demasiado quijotescos y poco prácticos, porque ¿a quién se le ocurre mantener viva una publicación exclusivamente literaria sin el patrocinio de nadie en un país en guerra? Hasta donde nos sea posible, seguiremos recorriendo el país, divulgando la palabra entre los seres anónimos de la provincia, alentando a los nuevos creadores y dando a conocer lo mejor de cada cual, porque nos parece más bello y vivo que sortear los sinsabores de la mezquindad cotidiana. Solo me resta agradecer a todos los que han creído en la revista Puesto de Combate, cuyo único combate ha sido con las palabras; a los que han creído en nuestra utopía, y también a los que nos ayudan a creer que todavía nos queda un poquito de patria en la cual podemos vivir y soñar un mundo más bello. Nuestra Dirección:
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