Margaret Atwood

Michael Symmons Roberts

 No. 101 / Julio-Agosto 2017


 

Michael Symmons Roberts
(1963)

Traducciones de Pedro Serrano


What’s Yours Is Mine



Doors which yield to a touch of the hand…
permit anyone to enter.
Thomas More, Utopia


It was our game, to drive at night into their city,
scan the streets, choose a house at random
and stroll in mid-evening as the householders
were finishing, say, a birthday dinner.
We watched them look up, terrified but mute.

We picked lamb off their plates, emptied their glasses
then ran upstairs, threw open drawers,
tried on jackets, fingered through their journals,
pocketed the odd keepsake –scarf, set of car keys,
half-read book, a piece of underwear for shame.

We tried to get a rise from them by breakage:
a cabinet of crystal cups, statuettes of local gods,
but they are patient in their sad-masks.
Such acquiescence, you knew they saw you straight,
and even so would give you everything.

Our only rule: we never touched them.
Save one time I saw a blue heart-shaped soap
clutched in a woman’s hand and something in her
would not give it up to me for all the world.
I have it somewhere. Let me find it.



Lo tuyo es mío

Las puertas ceden a la simple presión de la mano…
dejan entrar a quien quiera.
Tomás Moro, Utopía

Jugábamos a circular de noche por su ciudad
escanear las calles, escoger una casa al azar
y meternos como si nada mientras que sus ocupantes
estaban por terminar, digamos, una cena de cumpleaños.
Observábamos cómo nos veían, aterrorizados pero mudos.

Cogíamos el cordero de sus platos, nos bebíamos sus copas
y corríamos escaleras arriba a abrir cajones,
probarnos trajes, hojear sus diarios,
embolsarnos algo en particular —una bufanda, unas llaves,
un libro a medio leer, algo de ropa interior qué vergüenza.

Queríamos que después tanto estropicio saltaran:
una vitrina de copas, estatuillas de dioses locales,
pero ellos tan pacientes en sus tristes caretas.
Tanta aquiescencia, notabas que su mirada te atravesaba
pero incluso así, iban a darte todo.

Una única regla: Nunca los tocábamos.
Excepto un jabón azul una vez en forma de corazón
apretado en la mano de una mujer y algo en ella
no me lo iba a soltar por nada del mundo.
En algún lado está. Deja lo busco.




Great Northern Diver


Mancunia at night looks like embers from above,
but hold the dive and it reassembles, cools,
coalesces into districts, flyovers, a motherboard,

now stadiums like unblinking eyes,
car lots set out as piano keys, parks with lake wounds,
counter-flow of arteries in red and white,

the bass clef curves of cul de sacs
in outlying estates, then factories with starting guns
of smoke that sting and make you squint,

now you can pick out individual cars, nags’ heads
down in dark fields, glow of dressed shop windows,
drunks on their tightrope walk home,

black poplars’ ragged tops, roof tiles, kerbstones,
air that drops from ice to cloud to everything a city
cooks at once until the road meets you

face-to-face, down and under, slower, denser
and the clay arrests you, holds you as a pulse for good,
so what keeps this city alive is you.



Gran clavadista norteño

Mancunia de noche se ve como tizones desde arriba
pero mantente en picada y se reensambla, enfría,
fusiona en barrios, viaductos, una tarjeta madre,

luego estadios como atónitos ojos, lotes de coches
cual las teclas de un piano, parques con las heridas de sus lagos,
el contraflujo de arterias en rojo y blanco, 

las curvas en clave de fa de los retornos
en urbanizaciones a las afueras, luego fábricas 
con sus pistoletazos de un humo que te pica y hace hacer bisqueras,

ya puedes distinguir los coches, cabezas de caballos
entre campos oscuros, brillos en los aparadores de las tiendas,
borrachos avanzando por una cuerda floja rumbo a casa,

raídas copas de chopos, tejas de techos, alcantarillas,
aire que cae de hielo a nube a todo eso que cuece una ciudad
en un instante hasta que topa contigo la calle

de golpe, cara a cara, sobajando, lento, denso
y el barro te detiene, te sostiene como un pulso por siempre,
pues eso que mantiene viva a esta ciudad se llama tú.


Francis Ponge

Forrest Gander

Isobel Dixon

 

Archibald MacLeish

Pierre-Yves 

Soucy

                                                                                                                                                                                                                                 No. 100 / Junio 2017




 

Pierre-Yves Soucy
(1948)

 

Traducción de Ana Franco Ortuño

 

Veux-tu donc parler seul, et sans qu’on te réponde?

              Sophocle, Antigone

 

Il n’est pas d’existence humaine qui soit si stable que l’on puisse ou s’en satisfaire ou s’en plaindre.

              Sophocle, Antigone

 

1

            la voix s’avoue

se donne elle-même

de même qu’à tout venant

elle s’avoue à elle-même

elle tient le corps en laisse

sous les crocs de ses sources

elle se sépare elle se surveille

tout autant elle est surveillée

             par un pouvoir à la bouche pleine

             gouvernant et dictant les lois*

 

mais l’époque répète l’époque

qu’à toute époque son abîme

les brasiers de la surveillance

que depuis les maîtres des lieux

les bouches divisées les maîtres

les ronces multipliées par dix

de cent petites couronnes

l’ordre de capos de misère

leurs couronnes invisibles

au dessus en dessous

                 qui divise qui sépare

                                        à s’arracher l’ici

 

2

            bouche que troue le néant

troue la parole et rien ne tient

à la vue des meules de la cité

bouches leurs désirs agonisants     sous la

 

jactance qui jaillit

                                 d’insolentes bouches

 

d’une parole qui sèche dans la parole

dès que parle le commencement

ce côté du sang             son intervalle

sa solidaire solitude défait ses attaches

 

qu’aux replis des coups ils ont porté

le retour de la chair à la terre

 

impossible de fermer les yeux

sur cette poussière et ses mots

lorsque le corps se disloque

que l’existence ne s’écrit

que d’une main ouverte et désœuvrée

détruite que d’avoir détruit

la mort au son de l’anti-chambre

                d’où le silence s’estompe

            elle se perd dans la profondeur

                                                d’une lance

 

3

            et l’anti-voix rétablit la voix

les mots plongés dans le temps

      de la terre s’invitent au revers du sang

le corps mendiait sa solitude

celle qui avorte sur des chemins

                                               pris de court

 

une distance dans les plis de la langue

une langue hors du temps

l’anti-chancre des mots    des lois

que du délire tout lui échappe

du souffle extrait du corps

brûlant lentement sur sa langue

      ne retrouvant pas son commencement

 

mais tu vises à l’impossible

alors que la chair dehors perd sa peau

la pensée se défait de ses mots

                          motifs de rites et d’éclats

d’une parole répétée

elle fendait les gestes

                     persistait à demeurer muette

 

 

 

 

 

Archipiélago improbable de palabras*

 

 

¿Quieres, pues, hablar solo
y sin que te responda?

Sófocles, Antígona

No es de humanos que sea tan estable que pueda ello
o satisfacernos o hacernos padecer.
Sófocles, Antígona

 

1

La voz se confiesa

se da a sí misma

igual que viene a todos

ella se confiesa a sí misma

tiene el cuerpo atado

bajo los ganchos de su origen

ella se separa se supervisa

tanto ella se supervisa

por el poder de la boca llena

gobernando y dictando las leyes1

 

Pero la época repite la época

y en toda época su abismo

las hogueras de la vigilancia

desde los dueños del lugar

las bocas dividas de los dueños

espinas multiplicadas por diez

de cien coronas pequeñas

a la orden de los capos de la miseria

y sus coronas invisibles

por el arriba y el abajo

        que divide que separa

                a imponerse aquí

 

2

Boca que agujera la nada

que agujera la palabra y nada valora

a la vista de los afiladores de la ciudad

cubres su agónico deseo      bajo la

 

jactancia que brota

                        de bocas insolentes

 

de una palabra que seca en la palabra

tan pronto como habla el comienzo

del lado de la sangre           su intervalo

su solidaria soledad deshace sus amarras

 

que al repliegue de los golpes se dieron

el regreso de la carne a la tierra

 

imposible cerrar los ojos

sobre ese polvo y sus palabras

cuando el cuerpo se disloca

que la existencia no se escribe

que de una mano ociosa y abierta 

destruida que de haber destruido

la muerte al son de la antecámara

donde el silencio se apaga

ella se pierde en la profundidad

                de una lanza


 

3

                y la anti-voz restablece la voz

las palabras sumergidas en el tiempo

        de la tierra se invitan a través de la sangre

el cuerpo mendigaba su soledad

ese que aborta sobre los caminos

                                       de improviso

distancia en los pliegues de la lengua

una lengua fuera del tiempo

el anti-chancro de las palabras      de las leyes

que del delirio todo se le escapa

el soplo extraído del cuerpo

lentamente ardiendo sobre su lengua

sin encontrar su comienzo

pero hablas de lo imposible

mientras que el exterior de la carne pierde su piel

el pensamiento se libra de sus palabras

motivos de ritos y pedazos

de una palabra repetida

hendía los gestos

persistía en su mudez

 

 

*Estos poemas forman parte de la selección de Inestabilidad, Poesía contemporánea de Francia y México (Selección y prólogo de Ana Franco Ortuño), EBL. Intersticios-UV, Xalapa, Veracruz, 2016. 

 



1 Los versos en cursivas fueron tomados de la Antígona, de Sófocles

Edith Södergran