Entrevistas

Esa fiesta mortal del lenguaje:
Conversación con Óscar Hahn


Por Miguel Ángel Zapata

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Mayo de 2009

Voy a comenzar con la pregunta ritual. ¿Cómo y cuándo fue que empezaste a escribir poemas? ¿Recuerdas las circunstancias?
Las recuerdo bastante bien porque tuvieron que ver con un hecho puntual. Yo nací en Iquique, un puerto que está en el extremo norte de Chile. Después, mi familia se trasladó a Rancagua, cerca de Santiago. Tendría unos 16 años. Allí, a la salida del colegio, mi novia me exigió que le escribiera un acróstico. Yo ni siquiera sabía qué cosa era un acróstico y mi trato con la poesía era nulo. Entonces, como no quería quedar mal con ella, me fui donde un amigo que era poeta y le pedí que escribiera el acróstico para presentarlo como mío. Al día siguiente se lo mostré, pero ella no me creyó y me conminó a que le escribiera otro ahí mismo...

En el centro de todo palpita el corazón de la poesía.
Entrevista con Víctor Cabrera.


Por Claudia Morales

entrevista-cabrera-01.jpg¿Cómo entraste a la literatura?

Como lector, que es como imagino que entra todo mundo antes de escribir una sola línea. En mi caso, proveniente de un hogar en el que había libros pero no se leía demasiado, la lectura era mi último recurso contra el tedio. En ese sentido, no podría afirmar que conocí a los clásicos desde muy joven —porque es no sólo posible, sino hasta probable que no los conozca ni ahora—, ni que mi padre o mi abuelo me leyeran a Píndaro, a Suetonio ni a Herodoto. Simplemente la lectura no era uno de mis principales pasatiempos. Leía, a mis ocho o diez años, para vencer el hastío de aquellas tardes de sábado en la Ciudad de México, cuando, en plena crisis lopezportillista, familias como la mía no tenían demasiadas opciones ya no de diversión, sino de entretenimiento llano. Llegaba a los libros cuando ya había recorrido toda la gama de actividades a las que un niño de clase media bastante amolada podía recurrir para tratar de no aburrirse. Leía historias infantiles publicadas por las editoriales Progreso, de Moscú o Everest, de Argentina o España, no me acuerdo; enciclopedias para niños; libros como El principito, los cuentos de Tolstoi o el Corazón de De Amicis, cosas por el estilo, volúmenes que mi papá iba comprando en abonos en la oficina pública en la que trabajaba. Lo hacía sin ninguna conciencia del acto de leer. Más bien para matar el tiempo en lo que encontraba algo mejor que hacer.

Avanzar al sesgo
Entrevista con Ricardo Castillo

Por Luis Vicente de Aguinaga


castillo.jpgEs común asociar el nombre de Ricardo Castillo (Guadalajara, 1954) con cierta especie de vandalismo literario no desprovisto de ingenuidad que sacudió los hábitos y jerarquías estéticas de una década, la de 1970, y los comienzos de la siguiente. Refiriéndose a determinado ambiente o microclima poético, Evodio Escalante ha declarado que “la publicación de El pobrecito señor X de Ricardo Castillo tuvo el efecto de una bomba en una tranquila reunión de comensales”. Dicho ambiente o plácida reunión, desde luego, es el mismo en el que Octavio Paz alcanzó una posición de predominio definitivo y en el que despuntaron, también definitivamente, algunas figuras del Medio Siglo mexicano (Rubén Bonifaz Nuño, Ramón Xirau, Carlos Fuentes) y otras de la generación vinculada con la Casa del Lago (Salvador Elizondo, Tomás Segovia, Juan García Ponce, Inés Arredondo, Jorge Ibargüengoitia, Fernando del Paso).

Tomás Segovia: la idea más vieja de nuestro mundo es la idea de modernidad

Por Ana Franco y José Manuel Pintado 


segovia-01.jpg"Es otro punto en el que desconfío de los poetas, yo no creo que la poesía sea una lengua sino un lenguaje, que no es lo mismo. No creo que se pueda inventar una lengua propia. Lo que uno puede hacer es modular la lengua de todos porque la hacemos entre todos. Puede añadir algún sesgo pero no inventar una lengua indescifrable o una lengua para un grupo iniciático. La lengua es tradición y como toda tradición está en movimiento. Ser tradicionalista es justamente no creer en la tradición, es querer detener la tradición. El valor de la tradición es que no se detiene, pero es claro que el lenguaje, el arte, el hombre son tradicionales. Todas nuestras edificaciones vienen de ahí y todo consiste en dialogar con ella, no por supuesto, callarse. Al dialogar con la tradición no se inventa nada. En ese sentido yo soy muy poco moderno; no creo que haya una ruptura. A principios del XX podía uno creer que había hecho un corte, pero en el siglo XXI, ¡creer que somos modernos cuando esa idea tiene 150 años! La idea más vieja de nuestro mundo es la idea de modernidad. “Yo soy moderno y soy poeta de la ruptura e innovador” en el siglo XXI, hay que ser verdaderamente ingenuo. Me acuerdo de mis primeras discusiones con mis compañeros cuando teníamos 20 años y se creían eso. Yo les decía, “oye, tú quieres ser surrealista. ¿Sabes qué edad tiene André Bretón?” André Bretón tenía exactamente la edad de mi abuela."

"La poesía, creo, es un resto del silencio de Dios"

Entrevista con Alejandro Schmidt

Por Viviana Abnur


schmidt-30.jpgDesde la primera vez que leí “Porsche”, en una publicación argentina  de comics de los años 90, (El lápiz japonés), quedé  impresionada por la obra de Alejandro Schmidt. Para mí, un desconocido hasta entonces; poco se sabía de él en Bs. As. Pero a fuerza de buscar, con los años, descubrí a un cordobés apasionado, polémico, generoso que tal vez porque arriesga, no ha dejado de sorprenderme con cada nuevo libro.

Nacido en Villa María, Córdoba, Argentina en 1955, publicó a modo de folletos, plaquetas y libros, más de 30 textos de poesías, entre ellos: Clave Menor (1983), Serie Americana (1988), Dormida, muerta o hechizada (1993), El diablo entre las rosas (1996), El patronato (2000), Silencio al fondo (2000), Esquina del universo (2001), Oscuras ramas (2003), La vida milagrosa (2005), Llegado así (2005), Casa en la arena (2006),  Mamá (2007), y Videla (2009). También dirigió entre 1987 y 1991 la revista de divulgación literaria El gran dragón rojo y La mujer vestida de sol,  y entre 1990 y 2007, Radamanto, editorial de poesía. Fragmentos de su obra fueron traducidos al inglés, alemán, italiano y dos libros transcriptos al sistema Braile.

En esta entrevista, realizada en enero de 2010, va un poco de su vida, su mirada, su poesía.